En otro artículo hablamos de las principales mecánicas de juego de la gamificación, su definición y en qué consisten. Siendo uno de los recursos más utilizados en los cursos en línea, algunos podrían llegar a pensar que la gamificación es una especie de varita mágica que soluciona todos los problemas de deserción, desmotivación o baja participación.

Sin embargo, en ocasiones la gamificación termina siendo más un problema que una ayuda, y en lugar de motivar y permitir a los participantes una experiencia más inmersiva, produce el efecto contrario. Veamos más en detalle por qué sucede esto, empezando por aclarar algunos malentendidos frecuentes en torno a la gamificación.

¿Qué no es la gamificación?

No es convertir el trabajo en un juego

Uno de los errores más frecuentes que se dan al momento de utilizar la gamificación es confundirla con el Game-Based Learning (GBL) o aprendizaje basado en juegos, o incluso con la Teoría de juegos. Como explicamos en un artículo anterior, aunque tienen cosas en común, se trata de conceptos distintos.

El Game-Based Learning tiene un contexto fundamentalmente lúdico, donde el juego ocupa el lugar central, y a través de él se busca incorporar ciertos contenidos o habilidades, mientras que  la gamificación es una utilización de ciertos elementos y mecánicas propias de los juegos en contextos no lúdicos, y en los que estas mecánicas están en función del contenido que se quiere desarrollar.

Por su parte, la Teoría de Juegos es un sistema mucho más complejo, con un fundamento matemático que incorpora elementos económicos, sociales, biológicos, estadísticos, etc. En otras palabras, en la gamificación los elementos ludificados son un medio, no el fin.

No es solo otorgar puntuaciones y medallas

Este es probablemente el error que más problemas causa en los cursos en línea. Con frecuencia, las personas tienden a creer que la gamificación consiste simplemente en implementar mecánicas PBL (sigla en inglés de “Puntos, Medallas y Clasificaciones”) en un curso.

Pero gamificar no es solo incluir puntuaciones y medallas, implica un proceso más complejo que requiere de una especial atención y cuidado en el diseño, así como una integración real de estos elementos en una narrativa o en retos que representen un verdadero desafío. De lo contrario, se termina cayendo en una mecánica repetitiva y vacía, que aburre rápidamente a los participantes, haciendo que no tarden en abandonar.

Si bien hay quienes recomiendan evitar de plano estas mecánicas, no dejan de ser una herramienta valiosa, siempre y cuando no abuses de ellas. En otras palabras, no está mal utilizar mecánicas PBL, pero procura que no sean tu único recurso.

No es una solución única o infalible para todo

Finalmente, otro error es creer que la gamificación es un recurso todoterreno, aplicable a cualquier circunstancia o que permite convertir cualquier curso en un éxito, lo que puede llevar a malos resultados o incluso, malas experiencias con los participantes.

En primer lugar, ten en cuenta que la gamificación no es compatible con ciertos temas. Por ejemplo, no es aconsejable gamificar un curso que aborde problemáticas como el racismo o la violencia de género, ya que son temas sensibles frente a los cuales la ludificación puede resultar ofensiva; por otra parte, la gamificación por sí sola no lleva a ningún lado, gamificar por el solo hecho de hacerlo (o porque está de moda) sin tener un objetivo claro, o teniendo como objetivo una conducta no productiva, hará que los participantes se cansen rápidamente y reaccionen de forma desfavorable.

Dicho de otra forma, la gamificación por sí sola no garantiza el éxito de tu curso, es necesario saber cuándo y cómo utilizarla.

¿Cómo puedo evitar estos errores?

No es posible dar una lista de pasos a seguir para lograr una gamificación exitosa, ya que cada curso tendrá distintas necesidades según los intereses y capacidades de los organizadores, los participantes, los recursos disponibles o el tiempo estimado, entre otros factores.

De todas formas, aquí van algunas recomendaciones generales:

Asegúrate de tener un buen diseño instruccional de base

La gamificación es un recurso muy útil, pero no mágico. Si tu curso tiene fallas desde el diseño instruccional o la organización, estas saltarán a la vista aun cuando utilices mecánicas y dinámicas gamificadoras.

Ten claro qué objetivos buscas lograr y enfócate en ellos. De esta manera te será más fácil delimitar los alcances y limitaciones, en función de lo cual podrás implementar las estrategias y recursos que sean más adecuados.

Conoce las necesidades e intereses de los participantes

Cuanto mejor conozcas las fortalezas y debilidades de los participantes, más fácil te será decidir qué mecánicas y recursos incluir en tu curso.

Las mecánicas PBL y los retos pueden ser útiles para personas competitivas, pero no para personas más interesadas en la interacción o exploración, a las que los logros o los puntos no les importan demasiado.

Diversifica tus recursos con dinámicas

Como dijimos, las mecánicas de juego son útiles para atraer y enganchar participantes, pero no son suficientes para mantener y estimular la motivación. Intenta diversificar tus recursos con dinámicas de juego, sobre todo si planeas que tu curso tenga una extensión de varias semanas o meses.

Recursos como recompensas o bonificaciones por determinadas acciones, retos más complejos, avatares personalizados que permitan a los participantes expresarse con más originalidad o un sistema narrativo bien elaborado pueden ser útiles para dotar al curso de un mayor interés y atractivo.

Fomenta la retroalimentación

La retroalimentación o feedback es un elemento fundamental en la gamificación, y puede darse de diferentes maneras, desde las más elementales, como una puntuación o una medalla, hasta formas más elaboradas en las que se hace una devolución más personalizada del desempeño del participante.

En cualquier caso, es importante que la retroalimentación sea un recurso presente y constante, con el fin de estimular y motivar a los participantes, haciéndoles sentir que su esfuerzo y su trabajo influyen en el resultado.

Como lo mencionamos, estas son solo agunas recomendaciones. Recuerda, el éxito o el fracaso de la gamificación no reside en ella, sino en cómo la utilices. Cuanto más claros tengas tus objetivos y mejor conozcas a tu audiencia, mejores serán tus posibilidades de éxito, ya que te permitirá saber qué recursos utilizar y cómo hacerlo.

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